El mundial nos deja muchos triunfadores a nivel individual pero la figura de Vicente del Bosque merece un especial reconocimiento. El de Vicente, es el éxito de un modelo que se acerca más al gestor de grupos humanos que al entrenador tradicional de un equipo de fútbol.
Siempre correcto, amable, afable, atento, trabajador, discreto, tranquilo y prudente, Vicente hace de la sencillez su estilo para afrontar cualquier situación. Consciente de la extraordinaria calidad de su grupo y confiado de sus posibilidades, Del Bosque apeló al sentido común para lograr su objetivo.
Acompañado por la suerte en momentos puntuales, su éxito se resume a través de los cinco sentidos:
VISIÓN al rodearse de un gran grupo de jugadores (tanto a nivel deportivo como humano). Sin grandes sobresaltos maquilló la campeona del 2008.
OLFATO que le ayudó a plantear y a cambiar el rumbo de algunos encuentros que se encontraban atascados.
TACTO con jugadores y entorno. Desactivó todas las alarmas y silenció todos los debates con cintura. Calma y sensatez fueron sus fieles compañeras de viaje.
AUDICIÓN. Ni escuchó ni entró a valorar algunas críticas que lo único que podían hacer era desestabilizar al equipo.
GUSTO por el fútbol.
Resulta esperanzador, pues, ver como el (exitoso) modelo planteado por técnicos como Guardiola o Del Bosque (entre otros) pueda ir imponiéndose a corto plazo dentro la comunidad futbolística. Porque, la forma más bonita de entender el deporte es aquella que se llena de valores en lo humano y en lo deportivo, donde respeto, compañerismo, inteligencia, fair play o pasión son elementos del todo innegociables.
